jueves, 27 de enero de 2011

Una vez alguien me dijo:
la adolescencia es una enfermedad.
Si la adolescencia es una enfermedad,
pues es la enfermedad más linda.

Donde todo parece tan importante
que daría la vida por ese todo,
donde todo parece tan puro
que creo en todo.

La adolescencia donde confío demasiado
y me pego golpes duros,
pero trato de seguir viviendo
porque para algo estoy viva.

La adolescencia donde descubro quién
soy, de dónde vengo y trato de ver 
a dónde voy.

Mi adolescencia en la cual intento saber
todo sobre mi,
todo sobre el,
todo sobre ellos,
y si no lo sé,
me frustro.

Mi adolescencia,
tan linda su esencia
que por vivirla
casi no vivo.

Adolescente,
esa etiqueta que me ponen
porque no soy ni muy chica
ni muy grande,
donde me enamoro y vuelo alto,
donde me des-enamoro y caigo bajo.

De adolescente,
donde pienso que soy libre
pero estoy más enjaulada que nunca
y sigo dando vueltas en mi jaula,
dando tumbos en tu búsqueda.

La adolescencia,
mi enfermedad más linda
que tal vez no tenga cura
pero que si alguna vez se acaba
seguirá siendo lo que siempre fue:
la enfermedad más linda
y pura.

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